El conocimiento que no se ve
El concepto de “conocimiento” está asociado, usualmente, al conocimiento de carácter científico , con fundamentos teórico-racionales (ver:conocimiento científico). Esta visión del tema implica una percepción limitada respecto de los alcances de la idea de “conocimiento”. No todos los saberes son de índole formal, con fundamentos científicos y la pretensión de tener validez universal. En muchas circunstancias el conocimiento es de una naturaleza mucho más pragmática, operativa, concreta...
Imaginemos una persona que observa que, en determinado barrio, donde hay una buena densidad de edificios residenciales, no hay una tintorería. Y, a partir de ese conocimiento (gente que vive y por lo tanto ensucia sus prendas; inexistencia de un lugar adonde llevar a lavar esas prendas) desarrolla un emprendimiento comercial dedicado a la limpieza de indumentaria. Naturalmente, como hay un mercado potencial y nadie había dado respuesta a esa demanda, hay buenas probabilidades de que el proyecto prospere. Ese conocimiento no es científico sino práctico, circunstancial, específico.
Este tipo de conocimiento, desarrollado por fuera del circuito educativo formal y que está fuertemente condicionado por factores circunstanciales (lugar, época, marco social, costumbres arraigadas, etc.) ocupa un lugar esencialmente importante aunque poco lucido en el devenir cotidiano. Pero hay millones de personas que viven de esos desarrollos empresariales derivados de saberes cotidianos. En algunos casos, hay quienes han logado crecer y desplegar emprendimientos importantes a partir de esa clase de percepciones. Un caso interesante, en este sentido, es la proliferación de pequeños supermercados cuyos propietarios son personas de origen oriental, quienes han logrado competir con buen resultado frente a las grandes cadenas de autoservicios.
Sucede, sin embargo, que este tipo de conocimiento no goza de prestigio, reconocimiento formal ni valoración académica. Por cierto que cada uno de esos segmentos de conocimiento, tomados en forma aislada, quizá no tenga un valor equiparable al de los grandes avances científicos, de proyecciones y alcances universales. Pero, sumados, esos caudales de conocimiento representan una parte muy sustancial de los componentes del quehacer humano. Es mucho mayor el número de personas que se desenvuelven bajo el impulso de ese tipo de conocimiento empírico y pragmático y hacen de eso el fundamento de sus actividades cotidianas, que el volumen de individuos que actúan por medio de conocimientos de naturaleza científica y formalmente racional.
Por lo general, en la contabilidad del capital humano con el que un sistema social cuenta, este tipo de saber cotidiano no suele ser tenido en cuenta y, sin embargo, es un factor determinante en la productividad de la economía. El dueño de un bar que sabe cuáles son los platos que los clientes prefieren mayoritariamente, el taxista que conoce en detalle cuáles son los caminos que cabe recorrer para trasladarse de un punto a otro de la ciudad, el plomero que tiene una intuición natural para detectar en qué tramo de la cañería se está produciendo una pérdida son personas que resuelven, en base a su conocimiento operativo problemas de innumerables personas y obtienen así una ganancia que les permite solventar sus vidas.
La ciencia no suele estudiar los aspectos de detalle y las características que motorizan la creación, el desarrollo y el aprovechamiento de este tipo de conocimiento. Pero si existiera un conocimiento formal acerca de las características de esta clase de desarrollos empíricos, probablemente se podría potenciar el desarrollo de la economía y se podría generar condiciones favorables para contribuir a disminuir los niveles de pobreza y desempleo. Por lo tanto, no es una cuestión de significación menor la que está en juego. No todo es educación formal. También el conocimiento informal y pragmático tienen su efecto social y su significación económica. Pero a veces no nos damos suficientemente cuenta acerca de la significación de este fenómeno.
Alejandro Sala
El Uso del Conocimiento en la Sociedad - F. Hayek
<<En este ensayo, que ha llegado a ser un clásico de nuestro tiempo, Hayek planteó por primera vez su tesis de que el sistema de precios es un desarrollo social que ha resultado de la evolución y no del diseño deliberado, y que permite detectar y transmitir la información económica que se encuentra dispersa y fragmentada entre miles y miles de individuos. Emerge así una teoría que ve en el mercado un método de transmisión y utilización del conocimiento.>> .... <<El hecho de que en la actualidad se dé generalmente por sentado que los últimos están en una mejor posición se debe a que un tipo de conocimiento, especialmente el conocimiento científico, ocupa ahora un lugar tan prominente en la imaginación pública que tendemos a olvidar que no es el único tipo de conocimiento pertinente>> ..... <<Hoy en día, es prácticamente una herejía sugerir que el conocimiento científico no es la suma de todo el conocimiento. Pero una pequeña reflexión demostrará que sin duda existe un conjunto de conocimientos muy importantes pero desorganizado que no puede llamarse científico en el sentido del conocimiento de reglas generales: el conocimiento de las circunstancias particulares de tiempo y lugar. Es con respecto a éste que prácticamente cualquier individuo tiene cierta ventaja sobre los demás, dado que posee cierta información única que puede usarse beneficiosamente, pero sólo si se dejan a él las decisiones dependiendo de dicha información o éstas son tomadas con su activa cooperación.>> .....
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